En una de mis clases, una asistente a la que llamaré B, nos contaba una hermosa historia, compartía con todo el grupo, como fue una mujer maltratada por su ex-pareja, hasta que puso límites, se dio dignidad y sobretodo, tomo conciencia de que esa persona fue un gran maestro que le hizo ver que era necesario que se quisiera, amara y respetara.

Su ex pareja enfermó, ella le fue a visitar, le deseo una pronto mejoría y le dio las gracias, él no entendió esa visita, ni mucho menos ese gracias, ella sí, a los buenos maestros, con lo menos que se les puede obsequiar es con nuestra más sincera gratitud.

Todo es una gran obra de teatro y cada una de las personas de tu vida son actores que están ahí para que tú vivas determinadas cosas y para que a su vez, el otro pueda vivir cosas concretas a través tuyo, aprendizaje mutuo.

Nadie surge en nuestra vida por casualidad, aunque sea un breve encuentro.

Son los mensajeros que tocan a nuestra puerta para traernos un mensaje. Un mensaje importante para nosotros. A lo mejor no te lo han dado con cortesía y amabilidad, pero esto también es parte de la trama, del aprendizaje. Si el cartero te trae una multa, sin duda no es una noticia agradable, ¡pero no se te ocurre ir a pegarle! Sin embargo, ¡en la vida es lo que solemos hacer!

Vamos a por el mensajero, en lugar de recoger el mensaje. Nos enfadamos con los portadores de nuestros aprendizajes, no solemos ser capaces de leer más allá, de ver lo que la vida nos está queriendo contar, de entender el recado que nos está enviando a través de una persona o un acontecimiento.

No quiere decir que siempre tengamos que aprender desde el dolor, NO, pero en ocasiones bien sabemos que si no es por ese dolor, seguimos dando empujones y echando a correr, huyendo del mensajero o de la situación, mejor recoger el mensaje, y dar las gracias a ambos, mensaje y mensajero.

Piensa en “los verdugos” de tu vida, presentes y pasados y no hagas juicio, solo intenta comprender qué mensaje tienen para ti.

El maestro aparece cuando el alma está preparada, ella misma le llama, sabe que ha llegado el momento de sanar alguna herida.

Como dice un curso de milagros, “Perdona a tus enemigos por lo que NO te han hecho”, o como se dice en ho´oponopono, “Se trata de auto-perdonarnos, no de perdonar a nadie, nadie nos hace nada, nos hacemos daño a través de los demás”.

B ahora comparte su vida con otra persona y se le iluminan los ojos al hablar de él, hecho el aprendizaje, toca recibir el premio y disfrutar.

M.JOSÉ CABANILLAS